Amigus: el robot social de alumnos de ingeniería mecatrónica destaca en competencias internacionales



Carmen Espinoza y Andrés Alamo son los creadores del robot social Amigus. Esta invención tiene como fin acompañar a estudiantes en sus jornadas para afrontar la soledad. En tiempo de pandemia es sencillo aislarse, por lo que el robot es una ayuda para incentivar el contacto real con compañeros y familia. En esta entrevista, nos cuentan cómo fue su participación en la International Conference on Social Robotics 2021 y en la International Conference on Human-Robot Interaction 2022.

¿Cómo nació la idea del robot social Amigus?

Andrés A.: La idea nació en el Grupo de Robótica PUCP (GR-PUCP). Este grupo tiene diferentes áreas y una de ellas es la de robótica social. Aquí es donde Carmen y yo estábamos participando. El robot tiene como objetivo lidiar con el problema de la soledad en estudiantes.

Carmen E.: Asistimos a charlas para saber qué camino tomaríamos con nuestro robot y el tema que más nos llamó la atención fue, quizá por una cuestión de empatía con los alumnos, el de la pandemia y cómo se estaban transformando las clases en la Universidad.

¿Cuáles son las funciones que cumple Amigus?

Carmen E.: Como lo mencionamos, el principal objetivo es tener un compañero que te pueda motivar en momentos de soledad. Por ejemplo, hay días que los pasamos por completo frente a una computadora, incluso, en modalidad virtual hay quienes se matriculaban en más cursos, a pesar de tener su agenda copada.

Conversamos con la Mg. en Psicología clínica de la salud Miriam Mejía Morin, jefa de la oficina de bienestar psicológico de la DAES (Dirección de Asuntos Estudiantiles), y llegamos a la misma conclusión de que muchos alumnos tienen su día copado de actividades. Además, los quehaceres del hogar se combinan con la rutina universitaria. Por esta razón, sumada al hecho de no ver a nuestros compañeros que, a veces, eran un soporte emocional no es sencillo socializar como en la presencialidad. Por todo esto, las características más importantes del robot serían las vinculadas con la salud mental.

Cuenta con sonidos para motivarte y estimula la comunicación, no dirigida al robot, sino al entorno social del usuario. Los sonidos motivadores son frases como «llama a tus amigos» o «conversa con tus papás» con el fin de romper la rutina de estar todo el día frente a la computadora. Tiene, asimismo, una identificación de emociones mediante botones para que el robot sepa tu estado de ánimo: feliz, triste, angustiado o molesto.

Andrés A.: Mediante pantallas, que representan los ojos del robot, se busca empatizar con el usuario. Según la emoción que registres la expresión será acorde a tu estado anímico. La idea es compartir los sentimientos. Tanto la espalda como la cabeza del robot cuenta con sensores para que se pueda interactuar con él.

Asimismo, los brazos son de textura suave, similar las de las pelotitas antiestrés. Si bien, de momento, se utilizan botones para que el robot conozca cuáles son las sensaciones del usuario, se busca, en un futuro, que se implementen cámaras para que las expresiones sean identificables. El robot te anima a interactuar de manera física con las personas, pero también funciona como un soporte para el teléfono celular.

El robot es un compañero sensible capaz de aconsejarte también que debes descansar. No es invasivo. Con los consejos que te brinda trata de que el usuario no se encierre en su rutina diaria.

¿Cuál fue la dinámica de trabajo para el desarrollo de Amigus?

Carmen E.: Fue un trabajo multidisciplinario. Aparte de nosotros contamos con colaboradores. Micaela Alvarado de Diseño Industrial nos ayudó con el tema del diseño del robot, por ejemplo, en cómo sería el rostro para que pueda empatizar con los usuarios y Andrés Cáceres de Ingeniería Mecatrónica nos ayudó en tareas que, a veces, no podíamos cumplir debido a otras responsabilidades. La investigación sí estuvo a cargo de nosotros íntegramente.

¿Por qué creen que es importante trabajar el área de robótica social?

Andrés A.: El eje central en esta área es la persona. En nuestro proyecto es la relación entre un robot y un humano. Para mí es muy importante porque tomando como base este vínculo  se trata de empatizar con las personas mediante un robot.

Carmen E.: Relaciona bastante lo funcional con lo visual. Puedes tener un proyecto que funcione muy bien, pero, además, es importante cómo llegas al usuario. Esa es la parte social. Ahí es donde entra el apartado de la empatía.

¿Qué los animó a trabajar en robótica social?

Andrés A.: En 2021 asistí a la presentación que realizó el GR-PUCP del robot Flumzis, me interesó y pensé que yo también podía aportar de algún modo en esta área de la robótica.

Carmen E.: Incluso, el coordinador de Robótica social, Roberto Raez, quien nos brindó mucho apoyo, fue parte del desarrollo del robot que menciona Andrés y, así, fue una gran inspiración para nosotros. Él nos comentaba cómo fueron las etapas para presentar a Flumzis.

¿Cómo fue el proceso de postulación al concurso?

Andrés A.: Hubo dos competencias: una fue la ICSR (International Conference on Social Robotics – 2021) en Singapur y este año la HRI (International Conference on Human-Robot Interaction – 2022) en Japón.

Carmen E.: El ICSR es básicamente una conferencia de robótica social con una competencia. Al ser participantes también podíamos acceder al workshop. Roberto Raez nos avisó de la competencia, así que mandamos nuestro prototipo de robot y enviamos un vídeo. Días después, nos comunicaron que habíamos sido seleccionados para participar en el ICSR.

Roberto fue de gran ayuda con todos los trámites. Él se encargó de comunicarse con Elizabeth Villota, coordinadora de Ingeniería Mecatrónica, para solventar el pago de la competencia. Aceptaron y pudimos asistir.

Personalmente, me gustó mucho la exposición. Fue en inglés y, aparte de ver a los demás equipos, esta experiencia me ayudó a perder el miedo a hablar en público y en otro idioma. Tuve que practicar bastante y fue a las 3:00 a.m., hora peruana debido al cambio horario. Roberto es jefe de práctica del Taller de Procesos, un curso de Ingeniería Mecatrónica, y, a pesar de dictar a las 8:00 a.m., nos estuvo acompañando.

Esta conferencia fue presencial y virtual. La competencia era remota, pero hubo workshops presenciales. Algunos participantes sí lograron asistir en persona. Sin embargo, por temas de COVID no era prudente ir hasta allá.

Cuéntennos su experiencia en la International Conference on Human-Robot Interaction

Carmen E.: Esta competencia es de proyectos vinculados a la robótica social que cuenten ya con un paper. Ellos te dan una retroalimentación acerca de cómo mejorarlo y, al inicio, nos hicieron votar por cuáles son los mejores papers que entrarían a la conferencia. Después de la aceptación para el concurso, nuestra investigación sería publicada en su página: ACM Digital Library.

Hubo conferencias de profesionales explicando sus proyectos o investigaciones. Fue un evento grande, pero, para nosotros, la fecha más importante fue la del 9 de marzo en la que había una feria para presentar nuestro proyecto. Fue virtual, por lo que tuvimos que hacer una presentación en Power Point para nuestro stand y lo expusimos a quienes entraban a verlo.

Andrés A.: Si bien la competencia fue en marzo, el proceso se inició casi un año antes. En diciembre nos dieron la noticia de que fuimos aceptados. Era el pase para una primera etapa. Tuvimos que enviar un video del proyecto y, en base a eso, nos dirían si estaría apto para ser presentado.

Algunas reuniones eran de madrugada, pero, en la que estuvimos fue a las cinco de la tarde. Nos citaron, como ya lo mencionamos, el 9 de marzo y, durante una hora, debíamos estar presentes para presentarlo.

Hubo cerca de 110 proyectos divididos en dos fechas, por lo que tuvimos la oportunidad de asistir a otros stands y conocer lo otros proyectos. Si bien se votaban por los tres mejores era una competencia de todos los niveles. Había propuestas de empresas, estudiantes, profesionales y personas de distintos ámbitos.

¿Qué lecciones han aprendido en estas competencias?

Carmen E.: Salir de la dedicación exclusiva del estudio de los cursos de la universidad me ayudó a crecer, conocer personas y estoy contenta conmigo misma de haber logrado todo lo que hemos hecho. Ingresamos a GR-PUCP hace un año exactamente y durante todo este tiempo hemos trabajado en este proyecto. El más grato recuerdo es el de las entrevistas que tuvimos con Miriam Mejía Morin. Diseñamos una encuesta que compartimos con nuestros amigos estudiantes y, en base a sus respuestas, conversamos con la Mg. Mejía que nos dio una retroalimentación importante para el desarrollo de nuestro robot y su óptica del tema de la soledad en los alumnos. Nos mencionó que del año 2019 al año 2020 se elevó en un 8% la asistencia de estudiantes a la oficina de psicología.

Nos dio algunos consejos acerca de cómo el robot podría animar a los usuarios a hacer más amigos en las clases y, sobre todo, que la virtualidad no es un limitante. De estas charlas con la psicóloga Miriam Mejía surgió la idea de que el robot pueda tener una aplicación con retos, por ejemplo, proponer estudiar en grupo con los compañeros de clase. Podría sonar sencillo, pero no es una acción fácil precisamente por la respuesta de las demás personas. La idea es intentar socializar con los otros alumnos. Este aspecto del desarrollo del robot me hizo reflexionar bastante. Es más, me identifiqué con algunos casos que la psicóloga nos mencionaba.

Andrés A.: Tuvimos la mentoría de Roberto Raez, el encargado del área y, si bien, manejábamos algunos temas por proyectos que habíamos hecho en el pasado, pudimos asistir a capacitaciones para aprender de algunos nichos que quizá no dominábamos. De esta manera, no sentimos más cómodos con el desarrollo de nuestro robot.

Tuvimos talleres de modelado 3D, algunas clases de programación y la disponibilidad de Roberto para plantearle nuestras dudas fue fundamental para trabajar en nuestra idea. Él ha participado de la ICSR y mencionó que era un buen primer paso para presentar nuestra propuesta, ya que en la HRI habría más exigencia. Nos guio en el proceso de postular, cómo se desarrolla un paper, cómo hacer las correcciones porque todo este proceso es algo nuevo. Si bien en la carrera leemos papers. La producción y publicación de estos no era algo que conocíamos y, gracias a esta experiencia, hemos podido aprender tanto en esta parte final como durante todo el desarrollo.

¿Cuál sería el mensaje para sus compañeros que piensan en iniciar proyectos como el de ustedes?

Carmen E.: Perder el miedo de que al involucrarte en un proyecto estás sacrificando una buena nota. Tampoco todo son las notas. Sí, tendrás un tiempo menor, pero si te organizas lo puedes lograr.

Después te vas a dar cuenta de lo mucho que has aprendido. Absorbes conocimientos que también te servirán para tu carrera profesional y se amplía tu networking. Recomiendo mucho los equipos multidisciplinarios como en el que hemos estado. Aprendimos bastante de Micaela Alvarado, estudiante de diseño industrial.

Andrés A.: Aconsejaría que mapeen las áreas de interés y explorarlas todas. Hay que aprovechar las oportunidades que nos ofrece la universidad. Animarse, hacer y no rendirse. Estar en grupos es importante porque hay apoyo, aunque también se puede buscar de manera individual. Cuando haya curiosidad siempre hay que investigar, atreverse y trabajar en equipo de manera interdisciplinaria. Estas experiencias con personas de otras carreras expanden tus horizontes y conocimientos. Organizarse es importante, sobre todo, en la virtualidad. Finalmente, esforzarse bastante con ánimo y desarrollarse en el área que uno escoja. Además, reconocer que estamos en una etapa formativa que es la ideal para conocer y experimentar nuestros intereses académicos.

 

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