El egresado de la FGAD construyó una trayectoria académica internacional que incluye una segunda carrera, una maestría y un doctorado. Actualmente investiga la percepción pública de la ciencia y el papel de los expertos en la sociedad.
La formación universitaria puede abrir caminos que no siempre están previstos al inicio de una carrera. La historia de Rodrigo Reyes Córdova, egresado de la Facultad de Gestión y Alta Dirección, refleja cómo el descubrimiento de nuevos intereses puede conducir a una trayectoria dedicada a la investigación.
Tras estudiar Gestión en la PUCP, Rodrigo continuó su formación en Europa, donde cursó una segunda carrera en Estudios Organizacionales y Teoría Organizacional, una maestría en Sociología y un doctorado. Hoy se desempeña como investigador en ciencias sociales y estudia la percepción pública de la ciencia y de los expertos mediante métodos cuantitativos y experimentales.
De Ingeniería a Gestión: el descubrimiento de una vocación
Rodrigo ingresó a la PUCP con la intención de estudiar Ingeniería Mecánica, pero después de un ciclo se cambió a Gestión, una carrera que en ese momento consideraba práctica y alineada con sus intereses laborales. Ahí empezó a descubrir nuevas áreas de interés: los cursos de estadística, operaciones y finanzas despertaron su curiosidad por el análisis cuantitativo, mientras que los métodos de investigación de mercado y las lecturas sobre ética y gestión pública lo acercaron progresivamente a las ciencias sociales.
«En Gestión vi las primeras pepitas, tal vez los primeros indicios de que me gustaba la investigación», recuerda.
También descubrió su interés por la enseñanza en una clase práctica de estadística, cuando una docente le pidió que explicara un método a sus compañeros en la pizarra: disfrutó compartir conocimientos y ayudar a otros a comprender conceptos complejos.
La ruta en Europa: segunda carrera, maestría y doctorado
En 2016, Rodrigo identificó un programa que ofrecía apoyo económico a estudiantes internacionales y decidió cursar una segunda carrera en Estudios Organizacionales y Teoría Organizacional en la Universidad de Tilburg, Países Bajos. Durante el segundo año trabajó como jefe de práctica en la Facultad de Sociología, y luego continuó con una maestría de dos años en Sociología orientada a la investigación, que lo preparó para el doctorado. Entre ambos programas, también trabajó en un proyecto de investigación y dictó clases de estadística en la misma universidad.
Su recorrido no fue completamente lineal y tuvo dudas sobre el tiempo que tomaría completar su formación; finalmente culminó el doctorado en menos de cuatro años.
«La vida no es un progreso lineal», señala.
Su investigación: la ciencia, los expertos y la sociedad
Rodrigo estudia cómo las personas perciben la ciencia, a los expertos y a la información científica, mediante cuestionarios nacionales y experimentos en línea en los que modifica ciertas características de los mensajes científicos para observar cómo estas influyen en las respuestas.
Su interés por el tema se fortaleció alrededor de 2016, a partir de los debates sobre la posverdad y la relación entre política y ciencia —especialmente en temas como el cambio climático—. En lugar de asumir que ciertos grupos políticos son simplemente favorables o contrarios a la ciencia, empezó a preguntarse qué entienden las personas por «ciencia» y cómo varían sus opiniones según el campo científico.
Su tesis doctoral aborda la posición privilegiada del conocimiento científico en la sociedad moderna, que tiene tanto un peso epistemológico —qué se considera verdadero— como una dimensión política, al utilizarse para respaldar decisiones públicas. Uno de sus hallazgos es que la información suele percibirse como más creíble cuando se atribuye a un experto o a una institución científica, aunque el debate se complica cuando ese conocimiento se aplica a la regulación y a las políticas públicas.
«No es que la ciencia esté bajo ataque, sino que se discute cómo se usa el conocimiento científico en términos de regulación y políticas públicas», explica.
Rodrigo reconoce que su formación en Gestión —la exigencia académica y la base en estadística y métodos de investigación— fue clave para afrontar los cursos cuantitativos de su segunda carrera y de la maestría; incluso pudo convalidar algunos cursos al iniciar sus estudios en Europa. «La carrera en Gestión siempre me ayudó», afirma.
Lo que viene, y un mensaje para los estudiantes de Gestión
Rodrigo se prepara para iniciar un posdoctorado sobre la recepción pública de la ciencia, enfocado en la producción de artículos académicos, y, a mediano plazo, espera incorporarse a la docencia universitaria. «Si uno puede enseñar algo, eso significa que tiene las ideas claras», comenta. Tras varios años de movilidad entre países europeos, también contempla establecerse en un lugar fijo para aportar mayor estabilidad a su labor académica.
Sobre su experiencia como estudiante de Gestión, también considera que la inteligencia artificial debe incorporarse a la formación universitaria desde una perspectiva responsable: prohibirla no es suficiente, dado que ya es parte de la vida cotidiana, por lo que propone que universidades y estudiantes discutan sus usos aceptables. Recomienda, además, familiarizarse con herramientas de programación y análisis de datos como Python y R, siempre acompañadas de una comprensión real de los procesos que automatizan.
A los estudiantes de Gestión les recomienda no apresurarse a completar cada etapa de su formación, aprovechar el tiempo universitario —tanto el académico como el de las relaciones y experiencias— y no temer a los cambios de rumbo.
«No tuve miedo de cambiar de carrera y luego no tuve miedo de ir a los Países Bajos», señala.
Desde la carrera de Gestión hasta la investigación en ciencias sociales, la experiencia de Rodrigo muestra cómo una formación universitaria puede convertirse en el punto de partida para explorar nuevos intereses y construir una trayectoria académica internacional.
