Miyuki Dávila creció en Huancayo, viajó a Lima para estudiar en la PUCP y hoy trabaja como consultora financiera en Madrid. Su trayectoria incluye casi una década en el BCP, una maestría internacional cursada en el Reino Unido, España y Colombia bajo el programa Erasmus Mundus, y una transición al mercado europeo que no estaba en sus planes, pero que supo aprovechar. Con diez años de experiencia profesional y una mirada honesta sobre su recorrido, Miyuki comparte en Gestores en la cancha los aprendizajes —y también las dudas— que marcaron su camino.
Como muchos estudiantes, no definió del todo su elección profesional desde el inicio. “Al principio fue un poco a la deriva”, recuerda. Sin embargo, fue durante Estudios Generales cuando empezó a reconocer sus intereses y a conectar con la disciplina. “El curso de Gestión de Organizaciones fue decisivo. Ahí dije: este es mi camino”. Desde entonces, encontró en la carrera una de sus características clave: su flexibilidad. La posibilidad de integrar distintos enfoques —desde lo analítico hasta lo humano— le permitió proyectarse en ámbitos diversos.
Su paso por la facultad estuvo marcado por esa misma amplitud. Más que los cursos teóricos, recuerda especialmente los talleres con organizaciones reales: espacios donde la lógica académica se encontraba con el caos de las empresas de carne y hueso. En ese proceso también surgieron aprendizajes que trascendieron el aula, como la capacidad de adaptarse y de construir soluciones con los recursos disponibles. “La vida es así: tienes que ir encontrando herramientas en el camino y construir desde ahí”, recuerda sobre una enseñanza que, hasta hoy, guía su forma de trabajar.
Al salir a buscar prácticas, Miyuki enfrentó algo que muchos estudiantes reconocerán: el choque entre el buen rendimiento académico y las reglas del mundo laboral. Durante un tiempo evitó postular a bancos, influenciada por comentarios sobre el ritmo de trabajo exigente. Hasta que un día se preguntó por qué se estaba limitando a sí misma. Postuló al BCP, ingresó y ahí comenzó la primera etapa de su carrera. “Una de las cosas que aprendí fue no limitarme sin haber tenido la experiencia propia, porque a veces las ideas que escuchamos de otras personas terminan reduciendo las oportunidades que podríamos tener”.
Dentro del banco, Miyuki nunca se quedó quieta. Pasó por estrategia, marketing analítico en Yape y luego se integró a un equipo tecnológico sin saber de tecnología. La carrera le había dado la flexibilidad para moverse entre distintos espacios, pero ella tuvo que poner disposición para aprender en cada nuevo reto. Trabajando con colegas de distintas universidades, notó algo que sus compañeros del BCP también solían comentar: los egresados de la PUCP suelen tener una mirada más transversal y colaborativa, con facilidad para relacionarse con perfiles distintos —abogados, ingenieros o desarrolladores— e integrarse a equipos multidisciplinarios. Para ella, esa habilidad fue fundamental.
Tras ocho años en el sector financiero, sintió que quería ver más allá. En 2022 tomó una pausa para cursar la maestría en Mercados Globales y Desarrollo de Negocios Sostenibles, un programa que la llevó a estudiar en cuatro países junto a compañeros de 37 nacionalidades. Fue una de las mejores decisiones de su vida. “Estudiaba con chicos mucho más jóvenes que yo que tenían muchísima curiosidad, investigaban, eran autónomos y ya habían leído muchísimo antes de entrar a clase. Eso fue un aprendizaje importante para mí”.
Al terminar la maestría, surgió la oportunidad de continuar en España como consultora del sector financiero, manteniendo también el interés por vincular su experiencia profesional con iniciativas de impacto social.
A partir de su experiencia, Miyuki resume la gestión en dos ideas centrales: “tomar decisiones en contextos de incertidumbre” y “gestionar el caos de las organizaciones”. En esa línea, invita a los estudiantes a asumir un rol activo en su formación: “La universidad es una base, pero hay mucho más que aprender afuera. No hay que conformarse”.
Su mensaje final es claro: aprovechar las oportunidades, mantenerse en constante aprendizaje y no tener miedo de explorar caminos nuevos, incluso cuando no estén completamente definidos.
