En esta edición especial de la serie #GestoresEnLaCancha, celebramos los 15 años de trayectoria profesional de la primera promoción de la Facultad de Gestión y Alta Dirección (FGAD). Conversamos con Víctor Torres Balcázar, un gestor que no solo fue testigo, sino protagonista del nacimiento de esta disciplina en la PUCP. Su historia es la de una apuesta por la innovación que hoy se traduce en una carrera de alto impacto en el sector público, donde actualmente se desempeña como consultor en la Dirección General de Gestión Fiscal de los Recursos Humanos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).
Ser parte de la primera promoción significó, ante todo, una dosis de audacia. En 2005, mientras Víctor exploraba la oferta académica y dudaba entre Ingeniería Industrial y Administración, un pequeño detalle en la malla curricular capturó su curiosidad: un asterisco que señalaba una nueva carrera llamada Gestión.
“Seguí por Gestión y arriesgué, porque en verdad, en ese momento, mucha más información, por lo menos yo, no tenía”, confiesa. Esa incertidumbre inicial se disipó rápidamente al llegar a los cursos de facultad. Fue el curso de “Gestión de Organizaciones” el que marcó un punto de no retorno: “Quedé convencido de que la elección original era la correcta”. Lo que comenzó como una curiosidad se transformó en la base de su identidad profesional.
En aquellos años formativos, la facultad era un espacio de descubrimiento mutuo entre estudiantes y docentes. Aunque Víctor inició en la mención de Gestión Empresarial, la formación integral de la FGAD le permitió ampliar su mirada más allá del sector privado. Descubrió que la gestión no se limitaba a las empresas, sino que también era una poderosa herramienta para transformar lo público y lo social.
“Aún prevalecía la relación entre la gestión y, específicamente, la gestión empresarial”, comenta. Sin embargo, esa apertura temprana a los distintos sectores se convirtió en su principal diferencial, permitiéndole comprender que los límites entre lo público y lo privado son, en la práctica, mucho más porosos y colaborativos de lo que parecen.
Al mirar en retrospectiva, Víctor identifica tres grandes aprendizajes que dejaron huella en su formación. El primero: la visión holística. “El hecho de que los profesores te hablen de que existen tres sectores hace que luego te des cuenta de que en toda experiencia organizacional, por lo menos dos de tres intervienen”. El segundo: el conocimiento transversal de las organizaciones, desde contabilidad hasta comportamiento organizacional, herramientas que hoy aplica en la gestión cotidiana de equipos y presupuestos. Y el tercero: la capacidad de identificar problemas y plantear soluciones. “Empezar a maquinar con procedimientos en la cabeza, identificar problemas, potenciales causas y armar toda una cadena”, explica, recordando instrumentos como el árbol de problemas o la matriz de marco lógico que, hasta hoy, le resultan de gran utilidad.
El paso de las aulas al mundo laboral no estuvo exento de desafíos. “El reto más importante es simplemente salir”, afirma. Enfrentarse a organizaciones reales, con dinámicas y urgencias propias, puede resultar impactante. “Luego de haber leído y discutido mucho sobre el mundo organizacional, ya te encuentras en una organización real y no necesariamente sabes qué hacer”. Sin embargo, con el tiempo, la experiencia le permitió ganar confianza y comprobar que lo aprendido en la FGAD tenía plena vigencia.
Con casi quince años de trayectoria, Víctor ha desarrollado su carrera principalmente en el sector público, desempeñándose como servidor y consultor en distintas entidades del Estado. Desde el diseño de políticas hasta la implementación de proyectos de transformación, ha encontrado una doble satisfacción en su trabajo: profesional y ciudadana. “La satisfacción es doble porque puedes ayudar a resolver nudos de gestión, pero al mismo tiempo contribuyes a mejorar la vida de los ciudadanos”, señala. Para él, gestionar en el sector público implica intervenir en escenarios complejos, donde los recursos y el tiempo suelen ser escasos, pero el impacto potencial es alto.
Convencido de que un gestor nunca deja de formarse, tras una maestría en políticas públicas y diversas especializaciones en innovación, hoy pone la mirada en las nuevas fronteras tecnológicas. “Lo que ya se viene, no solamente para el lado empresarial sino también para lo público, es la introducción de inteligencia artificial y sistemas informáticos”, advierte.
Esa misma pasión por el conocimiento le permitió desempeñarse durante algunos años como docente en la FGAD. Para él, enseñar es una forma de retribuir a la facultad y de reafirmar ante los nuevos estudiantes que lo aprendido en clase constituye una de las herramientas más valiosas que tendrán en el mercado. “Disfruté mucho la posibilidad de compartir conocimientos teóricos mezclados con la experiencia propia”, comenta.
A los actuales y futuros estudiantes de Gestión les deja tres mensajes claros: aprovechar la visión transversal que ofrece la carrera, estar abiertos a aprender de otras disciplinas y mantenerse siempre actualizados. Y si pudiera hablar con el Víctor, que recién empezaba esta aventura, le diría: “Que mantenga esa decisión, que persevere y que aproveche los espacios de conversación con los docentes”. Porque, como demuestra su propia historia, apostar por Gestión —incluso cuando era una carrera nueva para todos— puede convertirse en el inicio de una trayectoria profesional con propósito, impacto y visión de futuro.
