“La energía está en todo, no hay actividad económica ni social que no dependa de ella. Gestionarla de forma estratégica es fundamental para el desarrollo del país.”
En un contexto marcado por recientes tensiones en el sistema energético nacional, conversamos con German Velasquez Salazar, docente de la Facultad de Gestión y Alta Dirección, donde dicta los cursos de Gestión de la Cadena de Suministros, Gestión Estratégica y Seminario de Investigación. Con una destacada trayectoria en el sector energético —habiéndose desempeñado como Gerente de Administración y Finanzas de ELECTROPERÚ S.A. y como Presidente del Directorio de PETROPERÚ—, el profesor analiza los impactos de la contingencia en el gas de Camisea, los desafíos estructurales del país en materia energética y las lecciones que este escenario deja para la gestión pública y privada.
¿Qué tanto ha impactado en nuestro medio que la empresa proveedora de energía de Camisea no cuente con tantos canales de distribución como originalmente se había planteado?
El impacto de la contingencia presentada en el gasoducto ha sido enorme. Y es importante hablar de energía y no solo de gas, porque el impacto no es sobre el gas en sí, sino sobre la energía que este genera.
Cerca del 50% de la generación eléctrica del país proviene de centrales térmicas que utilizan como insumo principal el gas de Camisea. Algunas han podido seguir operando gracias a sistemas duales, pero otras no, lo que obligó a recurrir a la reserva energética.
Afortunadamente, el Perú cuenta con políticas de reserva sólidas que han permitido evitar apagones o interrupciones del servicio. Sin embargo, el costo de generación se ha incrementado.
Este aumento no impacta de manera inmediata al consumidor final, pero sí afecta a las empresas distribuidoras y, sobre todo, a los llamados “clientes libres”, que compran energía directamente. En estos casos, los costos han llegado a incrementarse hasta diez veces, debido al uso de combustibles alternativos como el diésel.
¿Se pudo anticipar la contingencia en el gasoducto? ¿Cómo evaluar la respuesta?
Por principio de gestión de suministros, toda contingencia es anticipable. Si se trabaja con infraestructura como un ducto, siempre debe considerarse la posibilidad de una falla.
Lo clave no es solo la anticipación, sino la capacidad de respuesta. Eso es lo que debe evaluarse: si la reacción ante el evento, por ejemplo en un plazo menor a 15 días, estuvo dentro de estándares adecuados. Esa evaluación corresponde a expertos técnicos.
Respecto al rol del Estado, es importante considerar que los principales actores involucrados son empresas privadas, como Transportadora de Gas del Perú y Pluspetrol, que operan bajo un marco regulatorio específico. Para evaluar la gestión estatal, sería necesario contar con toda la información disponible que manejaron las autoridades en ese momento.
¿Dentro de la prevención, se puede decir que faltaron medidas estructurales como el gasoducto del sur?
No se puede decir que no hubo anticipación, ya que existe una reserva energética diseñada para enfrentar contingencias. Sin embargo, sí hay proyectos estructurales que hubieran reducido el impacto.
El gasoducto del sur es un ejemplo claro. Es un enorme proyecto que se paralizó hace varios años. De haber estado operativo, ante una contingencia como la actual también se habría visto afectado, pero habría funcionado como una reserva natural adicional. Esto habría permitido abastecer a gran parte del mercado y reducir significativamente el daño.
Este escenario también coincide con problemas en el abastecimiento de combustibles y un contexto internacional complejo. ¿Estamos ante una crisis coyuntural o estructural?
Ya no es una situación coyuntural, sino estructural. La matriz energética del país ha cambiado.
Hace 12 años, Petroperú abastecía el 50% de la demanda de combustibles en el país. Hoy no alcanza ni el 25%. Actualmente, el abastecimiento depende en gran medida de empresas privadas, como Repsol, además de importadores.
Hoy, el 75% del diésel y cerca del 50% de las gasolinas son importados. Esto genera una dependencia casi total del mercado internacional. Cualquier variación en los precios internacionales del petróleo, como el West Texas Intermediate (WTI) o el Brent (uno de los principales tipos de petróleo crudo comercializados a nivel mundial), impacta directamente en los precios locales.
¿Existe la posibilidad de que el Perú aumente su autosuficiencia energética?
Sí existen reservas petroleras en el país. Por ejemplo, los lotes 192 y 64 en la selva cuentan con reservas verificadas que pueden ser explotadas. También hay avances en exploración en el zócalo continental.
Sin embargo, aumentar la producción no es una solución de corto plazo. Requiere inversión y tiempo. Incluso en casos donde la explotación podría reactivarse relativamente rápido, como el lote 192, surgen desafíos logísticos, como el transporte del petróleo debido a la paralización del oleoducto norperuano.
Actualmente, el traslado por barcazas es una alternativa viable, aunque más costosa. Aun así, permitiría mejorar la competitividad y avanzar hacia una mayor independencia energética.
Desde una perspectiva de gestión, ¿qué aprendizajes deja esta situación?
El principal aprendizaje es entender la importancia de la energía en todos los aspectos de la vida. No hay actividad humana que no dependa de ella.
Las contingencias son inevitables, forman parte de la realidad. Lo importante es cómo responde el sistema: el Estado, las empresas y los ciudadanos.
Además, frente a escenarios de escasez, es natural que surjan comportamientos oportunistas, como la especulación. Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado desde la teoría de los costos de transacción.
Por ello, la educación y la gestión son fundamentales. Un consumidor informado y un sistema bien gestionado permiten enfrentar mejor este tipo de crisis y fortalecer la resiliencia del país.



